domingo, 23 de noviembre de 2008

MI ÚNICA FAMILIA

¡Una película de no creer!
¡Una película que termina con la doble moral, una para los hombres y otra para las mujeres, o mejor dicho, una doble moral para los hombres y ninguna moral para las mujeres, porque aunque el Concilio de Trento decretó que las mujeres tienen alma, semejantes a los hombres, es algo que sólo ocurría en teoría, no en el corazón de hombres y mujeres!
Una película donde las mujeres hablan, gozan y desean, por cuenta propia.
Una película inmoral frente a la moral sexual cultural vigente, una película que propone una nueva ética: una ética que incluya la palabra y por tanto el deseo. Un sujeto que asuma su independencia moral, psíquica y ética, que asuma su rol en tanto se reconoce como tal en su función, asunción de su propio trabajo, en el sentido de asumir sus frutos sin conflicto, sin sentir que es otro el que lo merece, o que él mismo sólo lo recibe por casualidad , sin que exista la división interna que hace que el sujeto sólo sea en cierta medida el testigo alienado de los actos de su propio yo, es decir, un sujeto que asuma sus propias responsabilidades, que responda de su ser deseante.
No se abandonan destinos, se hace uno.

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