miércoles, 26 de noviembre de 2008

BARTHES

Texto de placer: el que contenta, colma, da euforia; proviene de la cultura, no rompe con ella y está ligado a una práctica confortable de la lectura.

Texto de goce: el que pone en estado de pérdida, desacomoda (tal vez incluso hasta una forma de aburrimiento), hace vacilar los fundamentos históricos, culturales, psicológicos del lector, la congruencia de sus gustos, de sus valores y de sus recuerdos, pone en crisis su relación con el lenguaje.





El placer y el goce son fuerzas paralelas que no pueden encontrarse y que entre ellas hay algo más que un combate, una incomunicación, esto hace que tenga que pensar que la historia, nuestra historia, no es pacífica, ni siquiera tal vez inteligente, y que el texto del goce surge en ella siempre bajo la forma de un escándalo (de una falta de equilibrio), que es siempe la traza de un corte, de una afirmación (y no de un desarrollo).




El placer es decible, el goce no lo es. El goce es in-decible, inter-dicto. Lacan escribe: "Lo que hay que reconocer es que el goce como tal está inter-dicto a quien habla, o más aún que no puede ser dicho sino entre líneas"


La crítica se ejerce siempre sobre textos de placer, nunca sobre textos de goce.
La crítica es siempre histórica o prospectiva: el presente constatativo, la presentación del goce le está prohibida.


Con el escritor de goce comienza el texto insostenible, el texto imposible. Ese texto está fuera del placer, fuera de la crítica.



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